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El término “monoparental”, tan usado frecuentemente, designa a la persona hombre o mujer que vive sola con cargas familiares, uno o varios hijos, e independientemente de su estado civil, pueden ser madres solteras, separadas/separados, divorciadas/divorciados, viudas/viudos, etc..
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Evolución Histórica
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Este modelo de familias surge con fuerza a raíz de toda una serie de transformaciones motivadas por el cambio de una sociedad rural a una sociedad industrial-urbana. La incorporación progresiva de una mujer al mundo laboral en mayor o menor medida, junto con el acceso a la ecuación de las mujeres entre otros factores, han propiciado que se produzca este cambio en nuestra sociedad. Lo que en un principio apareció como un modelo de transición, hoy en día se ve como un modelo en proceso de asentamiento y aumentando paulatinamente en nuestro país, al igual que en el resto de los países occidentales.
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Hace tan sólo unas décadas predominaba el modelo de familia extensa compuesto por varias generaciones, el cual dio paso al prototipo de familia nuclear formada por los padres e hijos/hijas, modelo éste que coexiste actualmente con el monoparental y, otros nuevos modelos de familia.
Consecuencias
Nuestra sociedad está sufriendo un proceso evolutivo vertiginoso con lo cual la repercusión social y psicológica de las familias monoparentales está aún por determinar en toda su extensión. Sin embargo, se empieza a conocer parte de la problemática que padecen estas familias, las cuales padecen situaciones muy precarias que en muchos casos rozan la pobreza. Sirva como ejemplo, en el supuesto de llegar a esta situación fruto de una crisis de pareja habiendo hijos menores, lo que sucede en un 73% de los casos, resulta que éstos son adjudicados en un 85,6% al cuidado de la madre, frente a un 8,6% que quedan al cargo del padre. Si la mujer no posee una independencia económica obtenida de su trabajo laboral, se encuentra a expensas de la pensión alimenticia que en derecho le corresponde pagar al marido, siendo muchos los conflictos jurídicos que existen por negarse el hombre a pagar la mensualidad establecida, con lo cual la mujer normalmente queda a cargo de su ingenio y habilidad para salir adelante en su hogar, resultando que en la mayoría de los casos la consecuencia es un empobrecimiento del hogar familiar y un estado grave de necesidad. |
Bien es sabido que la mujer trabaja fuera del hogar teniendo hijos menores y necesitando éstos de un cuidado y atención constante, se enfrenta al dilema de tener que abandonar su trabajo o valerse de los abuelos para conseguir los recursos necesarios para subsistir.
Si a esto le añadimos una escasa o nula formación, limita a la mujer soberanamente en su abanico de posibilidades laborales, relegándole en muchos casos.
Dándose el caso de que el padre aporte la pensión alimenticia, que en muchos casos no excede de las 240,40€, la mujer que se encuentra sin trabajo no le corresponde percibir el Ingreso Mínimo de Inserción (IMI) que garantiza una renta mínima a quines carecen de ingresos, por lo cual vivir hoy en día con ese dinero es prácticamente una dificilísima aventura.
En similar situación se encuentran las familias monoparentales formadas por el colectivo de viudas (el 50% de las mujeres de más de 68 años lo son) con hijos jóvenes en paro, y que a pesar de percibir la pensión de viudedad, la baja cuantía de ésta, hace que se encuentren en situación de precariedad económica, agravada cuando la mujer no esta incorporada al mercado de trabajo y relegadas por la edad a verse imposibilitadas a encontrar un trabajo que mejore su condición.
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Asimismo la situación de dificultades se extiende al colectivo de madres solteras, porque mientras una tienden a ser acogidas por sus familias o se hacen éstas cargo de la criatura, otras desean independizarse y formar un nuevo hogar, no encontrándose facilidades para lograrlo.
En España empieza a haber un aumento paulatino por parte del padre que empieza a exigir la tutela de sus hijos, pero está demostrado que en la mayoría de los casos, éstos tienen suficientes recursos económicos para no pasar precariedad, por lo que los problemas referidos no subyacen tan persistentemente.
Respuestas
Es necesario por parte de las Administraciones desarrollar programas para estos colectivos que se encuentran en tales situaciones, priorizando la asignación de diferentes prestaciones por parte de sus Servicios Sociales para la protección de este tipo de familias con hijos a su cargo. Tales medidas deben ir acompañadas de la potenciación de recursos formativos que permitan al cabeza de familia un desarrollo personal y una autonomía económica para subsistir como hogar independiente. En el caso de que exista una necesidad de vivienda, habría que favorecer a este colectivo de ayudas necesarias para poderlas adquirir con unos mínimos de garantías. |